• Jorge Núñez

El poeta, un observador que mira con los ojos, pero también con la mente: Óscar Oliva


Con apoyo del Conaculta y editorial Aldvs

*** El escritor presentará su más reciente libro Iniciamiento.

Poesía reunida, que da cuenta de su universo poético

Al preparar su más reciente libro titulado Iniciamiento. Poesía reunida,

que abarca el universo poético de Óscar Oliva elaborado durante más

de 55 años, el autor encontró que “soy un poeta profundamente

chiapaneco, porque todo lo que planteo desde mi primer libro, todo,

cómo se transforman los colores en las montañas antes y después de

la lluvia, me di cuenta esto es Chiapas”.

Chiapas aparece a lo largo de su obra con “toda su belleza y con

toda su miseria también y con todos sus problemas económicos y

políticos. Me encontré que Chiapas es por supuesto una parte

importantísima de México y me encontré que mi poesía también

señala diversos momentos del país, diversos momentos muy

convulsos y por supuesto también sus alegrías que son mis alegrías,

los gozos que son también mis gozos”.

Por ello, celebró la aparición de Iniciamiento que, en dos tomos,

ha visto la luz gracias al esfuerzo de diversas instituciones, como el

Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), el Consejo

Estatal para la Cultura y las Artes, la Universidad de Ciencias y Artes,

así como la Universidad Autónoma de Chiapas, además de la editorial

Aldvs.

“Esto me halaga mucho porque son más de 55 años de escribir

poesía”, uno de los géneros literarios menos leídos, pero cuyos

lectores, reconoció el escritor, están muy bien formados

intelectualmente. “Creo que si este libro llega a manos de esos

lectores, lo van a gozar”.

Desde uno de sus primeros poemas, Óscar Oliva ya apuntaba

que “descubro que no soy más que una voz desbocada salida de las

montañas” y al paso de los años se sigue considerando así, aunque

recordó que nació “en una casa en Tuxtla Gutiérrez, donde solamente

había un libro y un lector, que era mi abuelo paterno y ese libro era

nada menos El Quijote”.

Con él encontró “un lenguaje sublime, un lenguaje encantador,

un lenguaje transfigurado”, que luego alimentó con lecturas de poetas

de la talla de Antonio Machado, Federico García Lorca, Ramón López

Velarde y Carlos Pellicer.

Posteriormente, la amistad y el gusto por la poesía lo llevaron a

formar parte del grupo denominado La espiga amotinada, junto con

Jaime Labastida, Eraclio Zepeda, Juan Bañuelos y Jaime Augusto

Shelley, con quienes leyó a Pablo Neruda, Vicente Huidobro, César

Vallejo y a José Gorostiza, y su Muerte sin fin que, dijo, es quizá el

más grande poema que se haya escrito en el siglo XX en lengua

castellana.

Con ese grupo no sólo descubrió la poesía, sino también el amor

y tuvo una serie de vivencias que, precisó Óscar Oliva, “nos llevó a

darnos cuenta que la realidad era una realidad confusa, la realidad

mexicana, la realidad que vivíamos, que era una realidad confusa,

muy compleja y una realidad en muchos momentos también criminal”.

Fue en 1960 cuando en el libro colectivo titulado La espiga

amotinada apareció su primera obra: La voz desbocada, donde

Chiapas se revela en un juego de contrastes marcados, entre otros

aspectos, por la luz y la oscuridad.

Pero el autor aclaró que no se trata de la luz / oscuridad del

alma, sino la natural, “la que nos hace ver distinto; no es lo mismo ver

una piedra en un río con la luz del sol, que ver esa misma piedra de

una manera nocturna. Son distintos, porque también irradian una luz

distinta y voces distintas, cantan de manera distinta, entonces el poeta

tiene que ejercer también una oscuridad y una luz para ver las cosas

de distinta manera y, sobre todo, en el momento de escribir, escuchar

las palabras también ya sea con esa oscuridad o con esa luz”.

Por ello, para Óscar Oliva ser poeta es ante todo ser un

observador y aunque la gente diga que a veces parece que el poeta

anda un poco lelo o distraído, es por el contrario, pues “anda muy

compenetrado, observando, viendo y apartando cosas que en un

momento dado pueden no interesarle, pero una de las funciones y el

trabajo del poeta es observar y mirar no solamente con los ojos, sino

también con la mente”.

A La voz desbocada le siguieron los títulos Áspera cicatriz,

Estado de sitio, Trabajo ilegal, Lienzos transparentes y Estratos, los

cuales se encuentran reunidos en Iniciamiento, el cual da cuenta de la

constante evolución en la obra de Óscar Oliva para quien la poesía es

siempre experimentación.

En este sentido, destacó que la historia de la poesía está

marcada por cambios, a veces vertiginosos, a veces lentos, y en su

obra, dijo, “he querido de una manera no muy consciente, que estos

cambios se vayan reflejando, por eso salto de poemas muy complejos

hasta abstractos, únicamente sonoros, de lenguaje, a poemas de una

violencia verbal y una violencia carnal, de una violencia erótica y

recogiendo también de la violencia de las calles”.

Mi poesía, agregó, “se sitúa en cada uno de los libros de distinta

manera, porque la violencia está y ha existido desde que yo tengo

conocimiento de la realidad. Pero he tratado que en mis libros esa

violencia se refleje de distinta manera, con un lenguaje distinto, porque

si no haría yo una poesía acartonada, una poesía de copia a mí

mismo.

“Por eso he escrito poemas muy directos, sacados de noticias de

periódicos o discursos de la gente que nos han atropellado; ahí están

sus voces también y en otros momentos es únicamente esta violencia

reflejada a través de metáforas fuertes que deben conmover al que las

lea o las escuche”.

Pero como en la poesía cabe de todo, en sus versos más

recientes Óscar Oliva ya habla de Internet, porque las nuevas

tecnologías, querámoslo o no, nos están sacudiendo y a veces

rebasando, y hay que aprovecharlas y tratar de incorporarlas.

“Pienso que la poesía del siglo pasado es ya una poesía cerrada,

incluyendo estos dos volúmenes, incluyendo la poesía que he escrito.

Es una poesía cerrada, eso no quiere decir que no sea una poesía

trascendente, que no tenga un alto valor, pero ya no puede seguirnos

alimentando, porque no corresponde a la velocidad con la que va el

mundo actual”.

“Esa es la velocidad que debe tener nuestro nuevo lenguaje

poético”, pero además el poeta debe adentrarse en los avances de la

ciencia, donde también existe poesía. “Nosotros, los escritores,

tenemos que sumergirnos, rescatar y ver lo que en esas aguas de la

ciencia, aunque son muy oscuras como la propia poesía, qué es lo que

podemos rescatar e incorporarla a nuestra poesía. Este momento que

estamos viviendo creo que es sumamente importante”.

Al igual que en los años veinte del siglo pasado, hubo una gran

revolución poética con Apollinaire, los dadaístas y los surrealistas; en

el siglo XXI debe pasar algo que conmocione a los lectores de poesía

y a la poesía misma para crear lo que Óscar Oliva llama poesía

abierta, incluso planetaria.

“Abierta a todo, al caminar de una hormiga, abierta al

conocimiento cada vez más grande que estamos obteniendo del

universo, abierta a que los seres humanos somos seres que nos va a

llegar también el olvido, gente que va a desaparecer; humanidad que

en un momento determinado es posible que vaya deshaciéndose.AGB


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