• Texto y foto/Jorge Núñez

Crónicas de barrio (Ramiro)


Las rasposas y agrietadas manos de Ramiro acercan la punta de las tijeras a la piedra circular que hace polvo en segundos el acero para darle detalle al filo . La autonomía del acto le permite regresar al tiempo de sus buenos años . Se encarama en el tren de la nostalgia y rememora los tiempos de su juventud ; Apenas un suspiro, ...apenas un suspiro - balbucea para sí mismo arrastrando tristemente las palabras- .Voltea a su rededor y enseguida vuelve a la realidad de su precariedad ; afilador de cuchillos, deambulador de las calles cuya única propiedad es su destartalada bicicleta habilitada con una rueda de piedra. Este invento de la piedra movida por los pedales no es mío - comenta-, al tiempo que regresa el entusiasmo a su rostro como devolviendo el favor de quien lo escucha.

Cuando era empleado de confianza ganaba buena plata, no tenía prestaciones pero duré buenos años en ese trabajo, luego se acabó todo, se acabó la juventud, la plata, los amigos, la familia, todo . De pronto me vi sin chamba . Después de treinta años me despidieron, más despuesito me volví más viejo y ya nadie me empleaba. Ahora ando aquí , chiflando por las calles para afilar los cuchillos y sacar para la papa . Mi mujer y yo nos quedamos solos. Los hijos se fueron, ya ve, la historia de siempre; nos desvelamos por ellos, nos preocupamos por ellos y se fueron. Hoy ni en Navidad los vemos. Hicieron su vida y no sabemos por donde andan, la nuestra sigue, yo sigo aquí, afilando y, esperando....eso solo lo sé yo... esperando.


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