• Fotografías de Arturo López / Secretaría de

Carlos Montemayor, un apasionado de la ópera y de la cultura


El 13 de junio cumpliría 69 años de edad

 El Premio Nacional de Ciencias y Artes 2009 desarrolló

como tenor su pasión por el canto

Definido como uno de los hombres fundamentales de la vida cultural

de México de la segunda mitad del siglo XX y de inicios del XXI, al

académico, traductor, poeta, novelista, abogado, analista político y

activista social, Carlos Antonio Montemayor Aceves (Parral,

Chihuahua, 13 de junio, 1947–Ciudad de México, 28 de febrero, 2010)

también se le recuerda como un cantante de ópera.

Se sabe que el Premio Nacional de Ciencias y Artes, en la

categoría de Lingüística y Literatura (2009), cuando estudiaba la

secundaria, aún en Chihuahua, quiso estudiar música en México,

incluso entrar al Conservatorio Nacional, pero su padre lo persuadió

de estudiar otra carrera.

En vida, el miembro de número de la Academia Mexicana de la

Lengua señaló que su gusto por la ópera fue una pasión que nació

desde que era estudiante en la universidad, en la cual lo apoyó el

maestro de canto Roberto Bañuelas, fue así como tuvo la disciplina de

dedicar todos los días unos minutos a la vocalización.

Por su pasión a la música tradujo las Odas de Píndaro y Carmina

Burana, incluso escribió el libreto para la ópera Encuentro en el ocaso,

con música de Daniel Catán, que fue estrenada el 2 de agosto de

1980. Grabó varios algún material musical, en 2002 apareció El último

romántico, disco compacto con 12 piezas de arte cantadas por el

también tenor acompañado en el piano por Antonio Bravo. En 2005

universal

produjo un álbum doble, Canciones napolitanas e Italianas y en 2007

presentó Canciones de María Grever.

El escritor y catedrático universitario ecuatoriano-mexicano

Vladimiro Rivas Iturralde aseguró en un texto escrito en memoria de

Carlos Montemayor que a él le gustaba cantar, que con frecuencia

interrumpía o clausuraba las reuniones, tanto de amigos como

académicos, con su canto.

“Una vez dio una conferencia magistral en la Unidad

Azcapotzalco de la UAM, al final del diálogo con el público se dirigió a

mí para pedirme le acompañara en el dueto de Rodolfo y Marcello en

el último acto de La Boheme, de Puccini. Llegué a escucharlo en

grabaciones comerciales de canciones italianas y justo es decir que,

aunque había tomado clases con el barítono Roberto Bañuelas, su

canto fue siempre el de un diletante, con afinación poco ortodoxa”,

escribió Rivas Iturralde.

El autor de las novelas Guerra en el paraíso (1991), Los informes

secretos (1999), La rebelión indígena en México, La guerrilla

recurrente, Rehacer la historia y Pueblos indios en México, y La

violencia de Estado en México, dedicó gran tiempo de su vida al

trabajo crítico, a la tradición oral y a la literatura escrita en varias

lenguas indígenas de México.

Coordinó las colecciones de 50 volúmenes bilingües de Letras

mayas contemporáneas de la península de Yucatán y del estado de

Chiapas de 1994 a 1998. Fue analista político en el periódico La

Jornada y la revista Proceso, e impartió diversas conferencias sobre

temas políticos y literarios en varios países.

Su interés en los pueblos originarios se plasmó en Los

tarahumaras: Pueblo de estrellas y barrancas (1999), Arte y trama en

el cuento indígena (1998), La voz profunda: Antología de la literatura

mexicana en lenguas indígenas (2004), y los tres tomos bilingües de

Words of the true peoples.

Su interés por las lenguas indígenas comenzó a finales de los

setenta cuando le pidieron que revisara una antología de cuentistas

oaxaqueños y fue tan determinante que no pudo despegarse del

estudio y difusión de ellas.

A lo largo de su vida le fueron otorgados distintos

reconocimientos, como el Premio Internacional Juan Rulfo, por su

cuento Operativo en el trópico; el Premio Xavier Villaurrutia por Las

llaves de Urgell. También recibió el Premio José Fuentes Mares por su

libro de poesía Abril y otras estaciones.

También recibió el Premio de Letras del Estado de Chihuahua

Tomás Valles Vivar en 1985 por el conjunto de su obra, así como el

Premio Ciencias y Artes de Yucatán y la Medalla Yucatán en 1993 por

su apoyo a la literatura actual en lengua maya.

El escritor que dominaba el inglés, italiano, francés, el griego

arcaico, el clásico y el vulgar; y el latín en todas sus formas; obtuvo

también la presea Gawí Tónara: Pilares del Mundo, que es el máximo

galardón de las artes chihuahuenses.

El también poeta en 1997 publicó Poesía. 1977-1994; a este libro

le precedieron Las armas del viento y Finisterra. En 2001 publicó su

Antología personal. En el género de novela escribió Las armas del

alba, Los informes secretos y La fuga.

Para él, sus novelas no eran históricas, pues trabajaba a partir

de la historia oral e indagación directa, no de una historiografía, decía

que en la literatura es necesario que cada personaje tuviera su propio

sello de dicción para que el lector sienta que ese personaje está

conversando.

El Fondo de Cultura Económica (FCE) publicó un tomo de sus

Obras reunidas, que incluyó las novelas Las armas del alba y Guerra

en el paraíso. Una de sus últimas publicaciones en vida fue el

Diccionario del náhuatl en el español de México.

Licenciado en Derecho y maestro en Letras Iberoamericanas por

la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, también llevó estudios

orientales en El Colegio de México. En 1995 recibió de la Universidad

Autónoma Metropolitana el grado de Doctor Honoris Causa por sus

contribuciones en el campo de las ciencias sociales y las

humanidades; la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez lo nombró

profesor emérito.

Su vocación por difundir sus hallazgos literarios lo llevó a

publicar en la revista El Tiempo, en Diorama de la Cultura, en el

periódico Excélsior, en Revista de Bellas Artes y en Revista de la

Universidad de México.

En un texto que el secretario de Cultura del Gobierno de la

República, Rafael Tovar y de Teresa, envío a la presentación de El

canto del aeda, en la XXXVII Feria Internacional del Libro en el Palacio

de Minería, expuso que Carlos Montemayor fue un autor, cantante de

ópera y luchador social, que la música es el lenguaje universal que

enaltece la virtud humana y que Montemayor era un virtuoso de la

música y de la literatura, sus pasiones.

Carlos Montemayor falleció el 28 de febrero de 2010 a la edad

de 62 años. De acuerdo con sus deseos, no se realizaron funerales; a

la Academia Mexicana de la Lengua fueron llevadas sus cenizas

donde recibió una emotiva despedida de colegas, amigos y familiares.

Sus cenizas yacen en la Iglesia de San Juan de Dios en Parral,

Chihuahua.


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