• Jorge Núñez

Ute Lemper, heredera del arte del cabaret, hechiza a Bellas Artes


Puente entre épocas y estilos musicales

 La cantante compartió el escenario con la Orquesta

Sinfónica Nacional y el ensamble vocal Hudson Shad

Ute Lemper, la mujer que ha sido llamada hechicera de los escenarios

del mundo, la heredera del arte del cabaret de la primera mitad del

siglo XX, la narradora sórdida de la bohemia, de las pasiones

nocturnas, del espíritu oscuro y festivo de la Europa de la posguerra,

conquistó el Palacio de Bellas Artes al que definió como uno de sus

recintos preferidos del mundo.

La cantante nacida en Münster, Alemania, en 1963, compartió el

escenario con la Orquesta Sinfónica Nacional en una velada donde el

público no dejó un sólo asiento vacío en la sala principal y donde con

aplausos de pie y vítores hizo regresar hasta en cinco ocasiones a la

intérprete al escenario.

El secretario de Cultura, Rafael Tovar y de Teresa, estuvo

presente en el concierto donde el talento de los músicos mexicanos,

bajo la dirección de Carlos Miguel Prieto y la presencia del ensamble

vocal Hudson Shad enmarcaron la actuación de la diva que ha sido

ganadora del Premio Laurence Olivier a la mejor actriz de musical y

quien ha colaborado con músicos como Tom Waits, Philip Glass, Nick

Cave y Michael Nyman.

El primero de dos conciertos que ofrecerá la artista, comenzó

con la interpretación de la obra musical Los siete pecados capitales,

de Kurt Weill, y en la que Ute Lemper, ataviada con un elegante

vestido rojo interpretó a una chica sureña que sueña con juntar el

dinero para construir junto con su hermana una casa en Luisiana y

viaja a la ciudad, donde se convierte en estrella de cabaret.

Con grandes dotes histriónicos, Ute Lemper demostró que su

dominio escénico reemplaza grandes escenografías y decorados y fue

celebrada por el público con aplausos de pie por más de dos minutos.

Después del intermedio la segunda parte del concierto estuvo

dedicada a las canciones del cabaret clásico, las que se escuchaban

en los años 20, 30 y 40 del siglo XX en los tugurios más escondidos y

en los grandes teatros de burlesque de Berlín y Paris.

“Me siento honrada de estar nuevamente en México y de que me

acompañe la maravillosa Orquesta Sinfónica Nacional”, expresó Ute

Lemper al salir al escenario con un nuevo vestuario: vestido negro con

una cinta roja en la cintura.

La cantante interpretó piezas como Milord, Padam Padam y Die

Moritat vom Mackie Messer, las cuales, dijo, recuerdan los repertorios

de los cabarets que traían un poco de alegría y humanidad a la Europa

de los años cuarenta ocupada por los nazis, pero son también

canciones que muchas veces eran creadas por los compositores en

los campos de concentración.

Nuevamente los dotes dramáticos de Ute Lemper se

desplegaron en escena para transformarse según la letra de cada

canción en vampiresa, en fichera de burdel, en amante que rechaza

los convencionalismos de los veinte y en una atormentada mujer que

vive de la nostalgia, como lo plasmó en la conmovedora interpretación

de Ne me quitte pas, uno de sus éxitos internacionales.

El concierto culminó con un homenaje a las canciones de

George Gershwin, a quien Ute Lemper nombró como uno de los

compositores más importantes de su vida y de quien obsequió al

público un popurrí de canciones entremezcladas.

Los asistentes a la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes

vitorearon desde todos los niveles a la cantante, quien además de

regresar en cinco ocasiones a agradecer los aplausos, regaló al

público una canción en español María de Buenos Aires, de Astor

Piazzolla.

La noche terminó con una simpática Ute Lemper que imitó el

ademán de beber un vaso de tequila a la salud de los mexicanos y

salió de escena dejando a una multitud hechizada por el influjo de su

bohemia, su calidad interpretativa y su magia como la heredera de las

grandes divas de la Europa de marquesinas y candilejas.

HBL


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