• Jorge Núñez

Eraclio Zepeda, el hombre capaz de convertir la ficción en realidad: Jaime Labastida


Recuerdan al autor en el Palacio de Bellas Artes

 La Academia Mexicana de la Lengua rindió homenaje al

cuentero, poeta y novelista chiapaneco

La Academia Mexicana de la Lengua (AML) rindió homenaje al escritor

chiapaneco Eraclio Zepeda (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 24 de marzo,

1937- Íbid., 17 de septiembre, 2015) a un año de su fallecimiento.

En el Palacio de Bellas Artes y con la presencia de María

Cristina García Cepeda, directora general del Instituto Nacional de

Bellas Artes (INBA), y los hermanos del escritor Rafael y Manolo, el

director de la Academia Mexicana de la Lengua, Jaime Labastida,

aseguró que Laco, como lo llamaban de cariño, era el hombre capaz

de convertir la ficción en realidad.

“No puedo dejar de pensar en que así terminan su alegría, en su

risa portentosa, en su capacidad de improvisación, en esa manera

clarísima de poner fin a todo amago de tristeza, porque si algo habrá

de ser característico de Eraclio Zepeda, mi hermano de elección, será

siempre su amor intenso por la vida, amor y alegría que a todos nos

contagiaba”.

Ante miembros de la AML, recordó la amistad inquebrantable

que tuvo con Eraclio Zepeda, a quien conoció en 1956 en una escuela

preparatoria de corte militar para luego iniciar estudios de derecho que

abandonaron al año y donde tenían por compañero a José Emilio

Pacheco.

Él, dijo, venía del sur profundo de Chiapas, donde la presencia

indígena es constante, bella, palpable. Lo acompañó en el nacimiento

de los cuentos prodigiosos de su primer libro, Benzulul, luego el

escritor se fue a Xalapa y al extranjero, por ese carácter errabundo,

ansioso de vida que lo llevaba de un sitio a otro, a Cuba, a China, a

Rusia, porque Eraclio Zepeda semejaba un ave portentosa, arrastrada

por los vientos a lo largo del mundo.

Por su parte, el también escritor y director adjunto de la AML,

Felipe Garrido, lo recordó como amigo y maestro, un hombre de

acción cuyas ideas lo llevaron a participar en un movimiento contra el

gobernador Efraín Aranda; a militar en diversos partidos, como el

Obrero Campesino y el Comunista Mexicano, a combatir en la

Revolución Cubana.

Era un cuentero mayor, dijo, pero también un poeta iracundo,

coautor de una obra de teatro, de cuatro o cinco novelas y media

docena de libros de cuentos, que dio clases en sitios como San

Cristóbal de Las Casas, Xalapa, Cuba, Beijing y en Tuxtla Gutiérrez

hasta el final de sus días.

Para Eraclio Zepeda, recordó Felipe Garrido, los cuentacuentos

son aquellos que cuentan lo que otros escribieron, los cuentistas los

que escriben y publican y cuyas obras pueden llegar a millones de

personas, pero nunca los has visto ni los verás, mientras que los

cuenteros cuentan para un pequeño grupo de gente, hasta donde su

voz alcance, porque decía, vos sos tu voz.

En tanto, Silvia Molina, académica correspondiente por

Campeche, comentó que Eraclio Zepeda era travieso, juguetón,

inventivo, como una montaña, pues si se reía la casa temblaba y si se

quedaba quieto podías ver nubes sobre su cabeza.

“Hablar de un escritor que fue intenso y tuvo varias facetas es

difícil, poeta, narrador, teniente de veras, maestro, antropólogo, actor,

hombre de campo, viajero, luchador social, combatiente en Cuba”,

pareciera contradictorio, pues al mismo tiempo era un hombre

bondadoso y gentil, caballero y dulce, simpático y lleno de sentido del

humor.

Lo admiramos, dijo, “por las imágenes poéticas que construye,

los personajes de carne y hueso que crea, el lenguaje que pule y

trabaja para dejarlo sencillo y directo; las vivencias transformadas en

cuentos redondos, Laco no se repitió”, ya que los cuentos de su

primera etapa terminaron ahí, siguieron los cosmopolitas que

alternaron con cuentos de gran sentido del humor y hasta hizo cuentos

para niños llenos de gracia.

Sus cuentos, agregó Silvia Molina, son perfectos por su

capacidad para crear atmósferas, situaciones dramáticas o satíricas y

más tarde llegaron sus novelas, una tetralogía de saga familiar, donde

nos presenta novelada la historia de su familia y al mismo tiempo la

historia de Chiapas y del país.

Su obra, poseedora de un valor estético y literario, lo hará

perdurar, aunque sus amigos y familiares, acotó, no asimilemos

fácilmente que Laco ya no esté con nosotros, pues como el buen

viajero que fue, emprendió otro camino y “nos dio tantos regalos que

sólo bastará recordarlo para sonreír”.


0 vistas
  • Twitter Classic
  • Facebook Classic