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José Emilio Pacheco, el escritor de la perfección imposible

January 26, 2015

A un año de su fallecimiento

• Para mí, es uno de los más grandes poetas que ha dado

México, de los más claros, de los más completos: Fernando

del Paso

 

Excelente cuentista, novelista estupendo, poeta •

extraordinario, cronista singular y sobre todo, desde

el punto de vista de la difusión cultural, sus crónicas y

ensayos son extraordinarios: Juan Domingo Argüelles

Hace un año, México perdió a uno de sus grandes escritores, José

Emilio Pacheco, maestro en toda la extensión de la palabra, un

polígrafo que cultivó diversos géneros como la poesía, el cuento,

la novela, el ensayo, la traducción y el artículo periodístico. Una

expresión depurada y una complicada sencillez, hacen que su obra

sea fundamental en la literatura mexicana.

Nacido el 30 de junio de 1939 en la Ciudad de México, donde

falleció el 26 de enero de 2014, José Emilio Pacheco estudió derecho

y letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a

partir de lo cual, consagró su vida a la literatura en diferentes facetas,

como poeta, novelista, cuentista, ensayista, traductor, antólogo y

cronista cultural.

El poeta y crítico literario Juan Domingo Argüelles aseguró

que se trata de uno de los grandes escritores mexicanos, “que tiene

una gran virtud que es haberlo hecho bien en prácticamente todos

los géneros que practicó: es un excelente cuentista, es un novelista

estupendo, es un poeta extraordinario, es un cronista singular y sobre

todo, desde el punto de vista de la difusión cultural, sus crónicas y

ensayos son extraordinarios, lo mismo que cuando ejerce de antólogo,

porque también hizo antologías estupendas, como la Antología de la

poesía mexicana del siglo XIX y la Antología del modernismo”.

Todo esto, dijo, nos revela “a un autor que en cada uno de

los géneros en que incursionó, lo hizo extraordinariamente, lo cual

casi nunca ocurre. El caso de José Emilio Pacheco es un caso

extraordinario, porque yo creo que, los que lo recordamos por sus

cuentos, sabemos que está entre los buenos cuentistas, quienes lo

recordamos como poeta, sabemos que hay poetas extraordinarios en

México, pero que José Emilio es uno de esos grandes poetas y ese

Inventario, que publicaba cada semana en Proceso, es realmente

estupendo, yo creo que cuando se consiga publicar si no completa,

una selección de estos Inventarios, nos mostrará la maravilla que

era en cuanto a la erudición y al conocimiento que tenía José Emilio

Pacheco, no sólo sobre la literatura sino sobre la historia de México”.

Para el poeta Eduardo Langagne, simplemente se trata de “un

maestro en toda la extensión de la palabra”, en cuya obra “hay una

búsqueda de la expresión depurada, una expresión depurada pero

transparente, creo que captura realidades diversas y que al capturar

esas diversas realidades también las libera”.

Decía Elena Poniatowska en el ensayo titulado José Emilio

Pacheco y los jóvenes que este escritor “toca fibras en las que

se reconocen, en las que tú y él y yo, ustedes y nosotros nos

identificamos. Al leerlo, cada quién escribe de nuevo Tarde o

temprano. Lo suyo es nuestro. Hacemos el libro con él, somos su

parte, nos convierte en autores, nos refleja, nos toma en cuenta, nos

completa, nos quita lo manco, lo cojo, lo tuerto, lo bisoño. Le debemos

a él ser lectores, por lo tanto le debemos a él la vida”.

Su poesía, un ejercicio espiritual

El mismo José Emilio Pacheco señaló que la poesía significaba “una

práctica, un ejercicio espiritual, una manera de dialogar y actualizar

nuestra tradición, pero también de mostrar las cicatrices, los deseos,

temores y corajes de un hombre que camina y recorre desnudo su

ciudad, que le recorre, furioso, triste y esperanzado, la superficie

rugosa y gris a esa piel urbana que lo fascina”.

La poeta Pura López Colomé consideró que José Emilio

Pacheco representa al gran romántico del siglo XXI: “estamos ante

un hombre que les habla a los hombres en un lenguaje carente de

artificios o de excesiva filigrana y verdaderamente empleado por

ellos, comunicándoles un propósito que espontáneamente rebosa

sentimientos poderosos; y que se concibe, con toda modestia, como

un simple traductor de lo que le es dado percibir”.

Su poesía, apuntó Eduardo Langagne, tiene “esa complicada

sencillez que sólo da un pleno dominio del oficio, creo que en José

Emilio Pacheco hay un clarísimo concepto del verso como unidad del

poema, eso me parece fundamental, pues ahí hay una consistencia

sólida, su composición formal, incluso en su diversidad rítmica, así

que por esa parte creo que la poesía de José Emilio Pacheco está

todavía en las lecturas de estos años y le van a otorgar muchísima

más plenitud a lo que nos deja”.

El también director de la Fundación para las Letras Mexicanas

consideró que la poesía de Pacheco es “la presencia de un hombre

de su tiempo, es la reflexión permanente de un escritor que está en

una relación directa con el tiempo que le toca vivir, yo diría que él tiene

una parte de su poesía con muchísimo entusiasmo y con muchísimo

optimismo, aunque hay temas que de por sí fueron apareciendo

durante nuestro tiempo y pues conducían a una reflexión mucho más

en tono serio, pero también hay una poesía en José Emilio de tono

humorístico, en el sentido muy amplio del término, en el sentido de la

inteligencia, el humor como expresión de la inteligencia, que es muy

rica”.

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