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Alumnos de la Escuela Nacional de Arte Teatral presentan el montaje Ambrosía

July 29, 2018

Hasta el 2 de septiembre

 

 La obra de Roland Schimmelpfenning, en versión libre del director Bruno
Bert, se presenta en el Teatro Salvador Novo del Cenart


El reto no podía de ser mayor para reafirmar la vocación, demostrar que se
adquirieron las bases histriónicas, el carácter y el dominio escénico para seducir al
público, que con el montaje de Ambrosía, del dramaturgo Roland
Schimmelpfenning, en una versión libre del director Bruno Bert.
Los alumnos de las licenciaturas en actuación y escenografía -que comprende
vestuario, iluminación y utilería- de la Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT),
presentaron la puesta en escena como su examen final de graduación con una
puesta escena exasperante e inquietante, de desamor por el prójimo.
Ambrosía sacude al describir una soberbia, indiferente, arrogante, clasista y
discriminatoria sociedad burguesa alemana, pero que en un mundo globalizado
pudiera reflejar el comportamiento de los grupos adinerados en cualquier latitud.
Para su director y profesor que ha guiado el paso formativo de esta
generación “todo montaje debe ser un desafío, un cúmulo de preguntas, una
incógnita apasionante. Pero mucho más cuando se trata de un trabajo de titulación
para un grupo de creadores teatrales”.
Tal vez por esto, como importante factor, “hemos escogido esta obra de
Roland Schimmelpfenning, autor alemán que es ejemplo de las últimas fronteras de
la escena contemporánea”.

 


El también promotor teatral señala que esta obra “es irritante, nada es amable,
nada genera una facilidad de comunicación con la respuesta.

“Y sin embargo, la violencia constante, el sin sentido, la mutilación emocional,
la sensación de una vejez que no depende de los años, es algo que nos rodea más
allá de la coyuntura: la contemporaneidad urbana, la desestructuración de las
ideologías, el ruido y la incapacidad de comunicar”.
El texto de Schimmelpfenning “es una severa revisión satírica y crítica de la
sociedad burguesa alemana y de su soberbia”. La puesta en escena respeta el
texto original del autor, pero con una connotación en la sociedad actual y muy
próxima a la nuestra.
“Si bien pudiera ser distinta a nosotros, con el proceso de globalización nos
encontramos con ecos, con esos ecos de pérdida de valores, identidades,
desinterés humanos y por el otro, al que sólo se le usa.
“Es confundir el placer, la ganancia o el usufructo a través del sexo y del
dinero, la explotación. Esa indiferencia global por una política de construcción,
también la vivimos nosotros”.
Bruno Bert dijo que su interés por que los alumnos calificaran con esta obra
fue por dos perspectivas, la primera: ética y política, donde “el espectador pueda
identificar que es una pintura de Alemania, pero de alguna manera nos refleja a
nosotros”.
Asimismo expresó: “Roland Schimmelpfenning es un dramaturgo
extraordinariamente inteligente que, siguiendo ciertas tendencias de la dramaturgia
tradicional alemana, rompe las estructuras convencionales de comunicación”.
En los valores decadentes de las sociedades adinerada “se piensa que son
dioses y que el mundo está para que ellos se sirvan y los seres están para que ellos
los usen. Pero en ese mundo, el de arriba, sólo está el vacío, el totalitarismo, la
violencia y el racismo”.
Resaltó que es una obra para el público, “pero especialmente está destinada a
los actores, porque es una escuela, para crear actores, de ponerlos frente a
circunstancias de dramaturgias muy contemporáneas que los obliguen salir de los
esquemas convencionales. De asumirse a un personaje y que los obligue a narrar
de otra manera historias, que los obligue a encontrar el vacío, y sin embargo, tratar
de transformarlo en algo que diga”.

Un total de 10 actores en escena inician la obra sin público. El escenario, una
amplia sala blanca dominada por un comedor invadido de botellas de alcohol,
cerveza, vino, cigarros y pocos alimentos. No se sabe quiénes son, porque están
ahí, si tienen un nombre. No sabemos qué relación tiene entre ellos, salvo
excepciones.
No sabemos nada, sólo que frente a unas gradas colocadas a pie del
escenario para el público tenga mayor intimidad con el montaje, 10 personas,
hombres y mujeres, han pasan el tiempo bebiendo y bebiendo hasta embrutecerse.
Todos están ataviados con ropa de línea, joyas y disponen de dinero a
montones. Cantan, bailan, se divierten, conversan, sin embargo, no se escuchan,
no se hacen caso, parecen ser indiferentes y lo único supremo e importante es
cada uno de ellos. Su maquillaje exagerado muestran las máscaras de sus rostros,
vidas y sentimientos.
La larga noche concluye con la desintegración progresiva de ese grupo
humano a través de la noche donde queda sólo la soledad y muerte. También
queda un trabajo actoral que reconocer.
El reparto de la obra estuvo integrado por: Saúl Calzada Páez, Rockweiler;
Alejo Contreras, Señor Hartug; Paola Davalovski, Kronberg (tabernera); Raquel
Padilla, (señora) Hartung (mujer); Aleksia Fossati; María González Solís, Gallasch;
Sebastián Dante, Hering; Ral Solís, Gubig; Jennifer Zamora Mápula (señora) y
Berenice Zavala, Kreye.
Diseño de escenografía, MarGa González, Heidi Lamadrid y Brenda Vaca;
diseño de vestuario, Andrea Lumbrera; diseño de iluminación, Daniela Caloca y
Utilería, Brenda Vaca.
Ambrosía abrió temporada a partir del 27 de julio y se presenta en el Teatro
Salvador Novo hasta el 2 septiembre. Las funciones serán: de miércoles a viernes,
20:00 horas; sábados, 19:00 horas y domingos 18:00 horas. Los días 18, 19, 25 y
26 de agosto, y 1 de septiembre habrá funciones a las 13:00 horas. El acceso a las
funciones es libre.
Bruno Beret es periodista crítico teatral y corresponsal de la revista Primer
Acto, en España, La escalera de Argentina y Teatro CELCIT. Es cofundador de la
Escuela del Espectador. Es director de teatro con una producción de 50 obras,
especializado en teatro de calle y profesor de ENAT.

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