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En Cineteca Nacional se habló del cine como memoria combativa para no olvidar el 68

September 11, 2018

 El crítico cinematográfico Rafael Aviña compartió recuerdos de aquellos
años y adelantó detalles de su nuevo libro en el que ahonda sobre el
tema


Los cortometrajes, documentales y películas realizados previos, o posteriormente a
la matanza de estudiantes del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, que hacen
referencia a los sucesos y al ambiente del movimiento estudiantil, dejan una
memoria para el no olvido, consideró el crítico de cine Rafael Aviña.
En el Marco del programa “Diálogos: Una radiografía fílmica del 68. A 50 años
de la noche de Tlatelolco”, organizado conjuntamente por el Instituto Mexicano de
Cinematografía, la Cineteca Nacional y la Red de Prensa Mexicana de Cine, el
especialista cinematográfico conversó con el periodista cinematografico Alan
Rodríguez.
Entrevistas realizadas por Alfredo Joskowicz cuando era estudiante del
CUEC, filmadas en mayo de 1968; el documental El Grito, de Leobardo López
Areche; Operación Galeana, de Carlos Mendoza; Ciudad Olimpia, de Daniel Inclán
y Carlos Hernández; Y si platicamos de agosto, de Marisa Sistach; El Paciente
Interno, de Alejandro Solar o Canoa y el Bulto, entre otros, contribuyen a la
construcción de esta memoria.
“Todos los fantasmas del pasado siempre regresan. La verdad es que la
memoria es lo único que nos puede acercar al mundo real. Puede ser que la
memoria se cambie y transforme. Es cierto que hay muchas memorias, pero la
memoria visual ayuda a la escrita.
“Si los alumnos del CUEC, en su momento, no hubieran tenido la conciencia
de salir a las calles y tomar las cámaras contra el olvido. 50 años después nos
damos cuenta que dejaron la semilla del no olvidar”.

Es que “la memoria siempre será combativa y ahí están las imágenes. Ahí
está el registró, existió realmente”.

 


Aviña expuso que “la historia de Tlatelolco siempre la he visto pensando en la
película Y si platicamos de agosto. Es como una historia de amor frustrada, entre el
individuo y la sociedad.
Es esta historia de amor condenada siempre al fracaso. Hay esta idealización
del 68, por un lado, y por el otro lado la tragedia. Estamos enamorados de ese
momento, pero al mismo tiempo, nos lamentamos. Tenemos una rabia y una
impotencia de pensar en lo que pasó”.
Aseveró que estas historias de amor se van a seguir contando, aunque las
historia de amor no necesariamente tiene que ser de encuentros físicos.
“Eso sucede con el 2 de octubre. Lo que hicieron los chicos del CUEC, en su
momento fue trata de comprender lo que era incompresible. Cómo mostrar esta
violencia tan aguda y burda, tan fuera de lugar. ¿Por qué? Ellos eran estudiante de
cine, su pluma y su papel era las cámaras.”
La charla con el crítico de cine fue dinámica, afable. Recordó cómo vivió en su
infancia el 2 de octubre, en su casa de la calle de Brasil.
“Al principio fue una experiencia muy divertida porque nos metieron debajo de
la cama y como veíamos la serie Combate con Vic Morrow pensábamos en el
sargento Sanders”, pero “la alegría y el chiste se nos quitó a la hora de que
seguíamos debajo de la cama y se oían disparos. Mi mamá lloraba. Mis tías y papá
no llegaban. Fue una experiencia tan fuerte”.
Su dedicación de registrar el cine sobre el 68 nació, dijo, del “placer morboso
por la nota roja desde niño”. Eso lo llevó a estudiar sobre el cine que hace
referencia al 68 y el caso de La Empaquetada, una mujer asesinada del cual
escribió un guion que filmó Alfredo Gurrola (Borrar de la memoria, 2010).
La investigación del caso lo hizo comprender que ese asesinato era “como
una metáfora de lo que pasó con los jóvenes estudiantes, en ese momento”.
Por ello “el cine es tan fascinante, desde la ficción o desde el documental,
porque podemos encontrar estos hechos no registrado por la historia oficial.

“Porque están ahí, porque son como estas situaciones que nos saltan de
repente. Esto era evidente con lo que estaba pasando con la sociedad mexicana en
ese momento.
“La violencia estaba ahí presente, lo que pasa es que es que, ahora, todo
mundo puede documentar lo que sucede. Y en ese entonces, no. Había un control
muy férreo sobre la prensa, sobre los medios en general, sobre la televisión. Creo
que en la radio se podía colar más información”.
Rafael dijo que en la televisión era imposible la libertad de expresión. “Es
histórico el comentario de Agustín Barrio Gómez en sus Sin comentarios del 3 de
octubre que fue brutal y es terrible, donde habla maravillas de Gustavo Díaz Ordaz.
Dijo que los estudiantes eran unos revoltosos y que con ese tipo de jóvenes
México no puede salir adelante. Era evidente de que esta violencia ejercida desde
el Estado era muy fuerte”.
El autor de los libros Asesinos seriales, De la nota roja a la pantalla grande, El
cine oscuro, El placer criminal: crónicas del infierno, ¡Aquí está su
pachucote…nooo! y Mex-noire.
Prepara el libro No queremos olimpiadas, queremos revolución, dividido en
dos partes, la primera sobre su infancia y su relato del México de los sesentas,
desde un niño de ochos años. El recuento de los relatos escritos en un diario con
sus sucesos cotidianos.
La segunda parte ofrecerá una documentación “lo más completa que existe,
sobre la documentación cinematográfica del 68 con largo, mediometrajes,
cortometrajes, tanto de ficción como documental, que hablen o toquen el tema del
68”.
Contempla trabajos fílmicos como El Bulto, Canoa, que es una metáfora sobre
lo que pasó en la Plaza de las Tres Culturas; el cortometraje de Marisa Sistach, Y si
platicamos de agosto, una historia de amor entre una joven preparatoriana y un
joven de secundaria cuyo fin es trágico, o el documental El Paciente Interno, de
Alejandro Solar Luna, sobre un hombre que intentó asesinar a Díaz Ordaz y al ser
atrapado es recluido en un manicomio.

 

El crítico de cine indicó que las entrevistas realizadas por Alfredo Joskowicz
cuando era estudiante del CUEC, filmadas en 16 milímetros en mayo de 1968, con
alumnos universitarios, exponen que “las cosas no han cambiado mucho. Están los
mismos problemas de la violencia. No hay un diálogo entre las autoridades y los
estudiantes”.
Las grabaciones de los alumnos del CUEC de hace medio siglo muestran la
influencia emocional entre los jóvenes por los acontecimientos del mayo francés, la
primavera de Praga, en Checoslovaquia, lo que pasó con las barricadas en Madrid
y Barcelona.
“Es de sorprenderse por su grado de conciencia, la misma conciencia que
vivimos ahora en la impresionante marcha de manifestación que se dio en Ciudad
Universitaria, donde además, no solamente fue histórico que se sumara la Facultad
de Derecho.
“Quienes tuvimos la suerte de estar en esta marcha, de estar ahí presentes,
vimos la extraordinaria organización, la efervescencia y entusiasmo de los jóvenes
universitarios en este momento”.
Planteó que el documental El Grito, de Leobardo López Areche, inicia con una
imagen cotidiana.
“Es Ciudad Universitaria con los chicos echando relajo, platicando,
despreocupados, porque nunca esperaban que la violencia del Estado fuera ser tan
fuerte.
Es interesante de documentar todos estos movimientos sociales, porque así
ponemos atención a todos estos cortos y documentales que se hicieron en su
momento”.
El Grito que se filmó entre julio y octubre de 1968 o documentales notables
posteriores como serían Operación Galeana de Carlos Mendoza o Ciudad Olimpia
de Daniel Inclán y Carlos Hernández como sus realizadores.
“Observando los detalles nos damos cuenta que todo eso estaba ahí, no lo
queríamos ver, pero la violencia estaba ahí latente. No esperaban una violencia tan
fuerte”, pero Díaz Ordaz y Luis Echeverría no podían dejar crecer la situación ante
la proximidad de las olimpiadas.

En El Grito se ven niños, amas de casa, trabajadores. Nunca pensaron que el
Estado iba a presionar en una forma tan brutal. “Gracias a los documentales nos
damos cuenta de que no fue únicamente el ejército quien disparó en Tlatelolco.
Gracias al documental como Operación Galeana nos damos cuenta que
existía el grupo paramilitar, el Batallón Olimpia, que surgió de Guardias
Presidenciales, era un cuerpo de elite que una parte de ellos estaba en el edificio
Chihuahua, en el segundo piso, departamento 209, entrada C. De ahí sale la
primera ráfaga.
“Ellos, con la tecnología de hace 20 años, porque el documental es de 1999,
muestran cómo sale la primera ráfaga, en el momento que caen las bengalas. La
primera ráfaga sale de ahí. No sale del helicóptero”.

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