
Jorge Núñez
Quiero agradecer a mi colega Pablo Esparza no solo por su interés en leer mi historia, sino por esa imagen del Coliseo romano que me envió y que guardo con afecto. Hay algo en esas piedras antiguas que hablan de lo que resiste al tiempo.
Este libro no nació como obra literaria. Nació como una necesidad. Escribirlo fue la única manera que encontré de enfrentarme a los demonios que se acumularon durante décadas de cubrir y olvidar, hasta que un día ya no fue posible seguir olvidando.
Al publicarlo, descubrí algo que no esperaba: algunos de quienes me llamaban amigo, colega, hermano, se alejaron. No guardo rencor. Las relaciones construidas alrededor de un cargo tienen fecha de vencimiento, y conocerla, aunque duela, es un regalo.
Lo que sí conservo es lo que siempre estuvo antes del cargo y seguirá después: la memoria de dónde vengo, la deuda con los que no tienen voz, y la certeza de que contar historias desde la honestidad, sin adornos ni máscaras, vale el costo que sea.
Escribí este libro para mí. Pero también para todos los que, como yo, empezaron sin nada y aprendieron que eso no es una vergüenza. Es el origen.