
Día tras día, horas tras la lente, minutos intrascendentes: segundos en los que aparecen, segundos en los que desaparecen. Pero ahí están. Se esconden al ver el extraño artefacto que intenta absorber su esencia. Se muestran renuentes, desconfiados. Tal vez se preguntan por qué el invasor, con su mirada incansable, intenta descubrirlos, abrir la puerta de su mundo secreto.
Nadie ha osado interrumpirlos, pero la mirada indiscreta vuelve, insiste. Hay algunos que se permiten asomarse, y es entonces cuando el intruso logra mostrar sus caras, sus penas,...















